domingo, 19 de agosto de 2012

La misión social del universitario


Hace sesenta años atrás, el Padre Hurtado daba un retiro a los jóvenes de la Acción Católica y les hablaba de la misión social del universitario. Tema que en ese entonces era de suma importancia y que hoy, más que nunca adquiere un significado trascendental producto de la situación actual que vivimos como país.

Se habla mucho de acción social, hemos visto muchas instancias en que nos hemos movido por el prójimo como voluntarios en distintas campañas de la más diversa índole; Aquellos voluntarios en su mayoría eran gente que estudiaba en colegios, institutos y universidades.
Ellos, como San Alberto decía “Deben tener una preocupación especial por estudiar su carrera en función de los problemas sociales propios de su ambiente profesional.” Y esa preocupación los llevo a tomar un martillo, una Biblia, un libro para enseñar a leer, o lo que tuvieran a mano para servir a los demás. No dudaron en decirle al Señor un sí fuerte y claro, ir a donde se les llamaba y servir en alegre sacrificio.

¿Pero cuál es la primera misión del estudiante?
Naturalmente, es la de su formación intelectual. El joven católico debe ser un estudiante y un estudiante constante. Aprender, leer, escribir, nutrirse de información que sirva para sus estudios, para su carrera y que la misma sea un servicio a los demás. Si se va a hacer acción social sin una base intelectual se está haciendo un trabajo vacío, un trabajo sin fundamento. Por eso es muy importante saber para qué se está haciendo lo que se está haciendo. La formación intelectual es un pilar en esta materia.
Hay quienes dicen que la formación intelectual viene primero, seguida de la espiritual y por último –cuando el individuo está plenamente formado- la social, pero la formación intelectual nuevamente es vacía y sin sentido si no es complementada desde siempre con la espiritual y la social. No se puede concebir una sin las otras dos latientes en unidad.

No es que la misión social del estudiante vaya separada de la misión formativa del mismo, ya que no se debe interrumpir el estudio para actuar con caridad, se debe actuar con caridad en el estudio. Hay que preguntarse constantemente ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Imitar a Cristo en el actuar diario, en la rutina, en lo cotidiano y volverse a preguntar ¿Qué haría Cristo en mi lugar de ESTUDIANTE?

Lo primero y más importante es ser consientes y estar atentos de la realidad social que nos rodea. Para eso el Padre Hurtado, siendo un joven estudiante de derecho pasaba tiempo en los Patronatos, prácticamente los lugares más marginales de la ciudad. Estaba con la gente pobre para vivir en carne propia lo que ellos vivían a diario, ellos fueron sus formadores intelectuales, espirituales y sociales. No bastaba la limosna que muchas veces carece de sentido, se involucraba en aquellos lugares para en medio de la acción social encontrar a Dios en el rostro de esa gente.


La misión social del estudiante es reconocer que los problemas sociales deben tener soluciones SOCIALES apoyadas en las instituciones, debe acompañarse de la conciencia y la estructura social. Aquellos problemas son morales, hay que tener interés en los medios prácticos para solucionarlos.
El estudiante es el cerebro, el obrero intelectual. Traduce problemas en soluciones técnicas, factibles.

La misión social del estudiante, del universitario es involucrarse en, por y para Cristo en los problemas que afectan a nuestro prójimo.
La vida del estudiante debe ser, cómo decía el Padre Hurtado “Una misa prolongada”.



Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

domingo, 8 de julio de 2012

Amigo de los sencillos.

"Cada vez que hayan hecho estas cosas a uno solo de estos hermanos míos más pequeños, lo han hecho Conmigo."

Juan 12, 1-11.


El Nuevo Testamento recorre la vida de  un Jesucristo itinerante, de un incansable viajero que llevaba la Buena Noticia de un Dios que salva, de un Dios que perdona, de un Dios que ama a todos sus hijos con un amor inmensamente sobrecogedor. El Nuevo Testamento nos muestra a un Cristo que camina entre los humildes poblados de Galilea, entre los bulliciosos mercados, entre las caletas de pescadores, entre los cobradores de impuestos, entre las polvorientas calles, junto a los leprosos, los niños, las viudas y los pobres.
Jesús no niega su amor a nadie, no lo priva, no pone requisitos, pero lo abre especialmente a los marginados de su tiempo; los judíos en su tradición religiosa y social consideraban a los pobres, a las mujeres solas y a los enfermos como personas inferiores, y por tanto, con una dignidad inferior -y en algunos casos, indignos e indeseables-. Jesús viene a romper con esos paradigmas. Él, arriesgando su nombre y su prestigio de parte de sus pares y contemporáneos se dedica a curar a los enfermos, a darle esperanza a los pobres, a acompañar en el dolor a las viudas, y no sólo eso, sino que anuncia la llegada del Reino de Dios para ellos -Lo que debió haber sido un escándalo para los Fariseos y Maestros de la Ley-. Jesús proclama el Reino para los pobres, los pequeños y los marginados, para los que sufren, para los oprimidos por la injusticia. El Reino de Dios es para todos, ¡pero con cuánto más gozo lo reciben aquellos pequeños! Los dignifica, los levanta, les vuelve la vida y los hace felices.
Cabe preguntarnos ¿A quién les anunciaría hoy Jesús el Reino? Nuestras sociedades han avanzado, nos hemos ido tecnologizando cada vez más y más, los "estándares de desarrollo" van por las nubes ¿Pero quiénes están debajo de todos esos gráficos, detrás de todas esas cifras? Hay personas sin techo, indígenas violentados, minorías ignoradas. Sin duda, Cristo hoy estaría anunciando el Reino en las poblaciones, en las comunidades indígenas, en las plazas, en las calles. Las marchas, la fábrica, en la ribera del río Mapocho.
Cristo hoy se sentaría a la mesa con los drogadictos, los indigentes,  las prostitutas. Compartiría el pan con los indeseables, anunciaría el Reino a los pequeños de nuestra sociedad.
Pidamos a nuestro Padre Bueno que nos de la gracia de salir al encuentro de nuestros hermanos pequeños y construir el Reino en la tierra.

Un abrazo en Cristo, gracias por leer.






sábado, 23 de junio de 2012

Ser católico: Vida en misión

Somos católicos. No dudamos de nuestra condición; vamos a misa, rezamos, suponemos cumplir los mandamientos al céntimo -como aquellos Maestros de la Ley- "Cómo yo ¡Cómo yo voy a ser un mal católico!" -podríamos pensar-, pero hay muchas asperezas que podemos limar y que por orgullo, comodidad o desidia no lo hacemos. Somos católicos, pero muchas veces somos católicos de sillón. Es muy fácil quedarse puramente en lo contemplativo, en el decorado y en lo "bonito", pero ser católico es mucho más que eso; ser católico es, además de una vida en oración y contemplación, dejar las redes y seguir a Cristo, es una vida en constante entrega y misión. No necesitamos esperar hasta el fin de año para hacer un viaje a una localidad y pasar una semana haciendo servicio social y pastoral -lo que es maravilloso y necesario-, la misión tampoco está confinada exclusivamente a consagrados y personas que van a agrestes y hostiles lugares a llevar la Buena Noticia. La misión es de todos nosotros, en nuestra vida cotidiana; el trabajo, el colegio, la universidad, en la micro, caminando en la calle y en nuestra casa. Las ferias, las empresas, el preocuparse por las injusticias, acompañar al triste, apoyar al que ha caído, compartir la alegría de todos nuestros hermanos.
No es necesario ver demasiado lejos para darnos cuenta de que en nuestra sociedad hay sectores que han sido postergados y hasta olvidados por las instituciones, es misión nuestra también acoger al pobre, a nuestro prójimo que haciendo suya la voz de Cristo nos pide un pedazo de Pan. Ser católicos es hacer de nuestra vida un servicio constante y una imitación de la persona de Jesús. Una misión en la que podamos hacer la diferencia con el sello del amor, un amor que inunde nuestras acciones, palabras y oraciones, que ese amor llegue a todas las personas y que nadie quede fuera de él. Que aquellos que no conocen a Cristo nos vean y digan "Miren cómo se aman", que aunque tal vez no compartan nuestra fe, quede sí el testimonio vivo del amor. Amor que debe ser reflejo de nuestra oración, oración que sin obras es vacía, si estamos hablando con nuestro Padre bueno, debemos también actuar acorde a Su voluntad. Seamos caritativos, atentos y practiquemos la justicia. San Ignacio decía que debíamos ser contemplativos, que es algo que no debe perderse, pero debemos ser contemplativos en la acción. No podemos descuidar uno por otro, quedarse sólo en lo contemplativo o en la acción, corriendo el riesgo de caer en el activismo. No somos seres inmóviles ni tampoco carecemos de la necesidad de la oración contemplativa; estamos viviendo en misión, una misión que debe tener una fuerza en la acción y cuan mayor en el diálogo con Dios, motor de la fe.
Pidamos a nuestro Padre que nos ayude en nuestra vida y misión


Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

miércoles, 23 de mayo de 2012

El mundo necesita del Espíritu Santo.

La fiesta de Pentecostés es un día lleno de jubilo, celebramos que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos y les dio distintos dones para predicar con fuerza y alegría el Mensaje de Cristo. Pero no hay que olvidar un detalle muy importante; los dones fueron recibidos mientras los discípulos se encontraban encerrados, en compañía de María, por temor a la persecución que sufrían a causa de su fe. Una situación que si bien no en la misma medida, vivimos hoy nosotros como Iglesia.
La valentía y entusiasmo que recibieron para salir afuera a predicar a todo el mundo, a sanar enfermos, expulsar demonio y perdonar pecados, con el riesgo asumido de caer en manos de sus perseguidores, debe ser un ejemplo para nosotros. Henchidos del Espíritu Santo, los discípulos rompieron todas las ataduras del miedo y la cobardía que se enconan en el corazón con tanta facilidad. Hoy más que nunca necesitamos renovarnos en esta Pentecostés, que el Santo Espíritu de Dios nos lave por dentro y nos de fuerzas para salir a predicar con el ejemplo, con la amistad, con el trabajo, el estudio, con el amor, con la alegría de nuestras expresiones y actividades que realizamos a diario.
Los dones que se reciben de esta nueva Pentecostés no deben quedarse solamente en nosotros como trofeos que se dejan en una repisa. ¡Claro que son premios! Dios nos ha dado dones únicos para ponerlos en servicio a los demás. Necesitamos que el Fuego del Espíritu llegue a todos los rincones de la tierra, y eso no puede ser posible si no ponemos de nuestra parte. La realidad que estamos viviendo como país hace que nuestra acción se vuelva una urgencia. No hay que hacer oídos sordos ni jugar a ser ciegos con lo que está pasando aquí y ahora; debemos actuar con fuerza desde el amor de Dios para hacer frente a estos males que aquejan a nuestra gran comunidad que es Chile. Hacerles frente llenos del Espíritu como lo hicieron los apóstoles y abrir sendas de solidaridad, entendimiento y cario en medio de tanta violencia, de tanto odio, de tanta desconfianza, de tanto desamor.
Pidamos a nuestro Padre Bueno que nos de entendimiento, fortaleza y piedad para llevar Su Mensaje a todos los rincones de la tierra.
Un abrazo en Cristo, gracias por leer.



miércoles, 9 de mayo de 2012

Hacia Ti.


"Prosigo mi carrera hasta alcanzar a Cristo, quien ya me dio alcance. No, yo no pretendo conseguirlo todavía, y olvidando lo que dejé atrás, me lanzo hacia delante"
-Filipenses 3:12-14


Es difícil actuar sin una motivación, es difícil llegar a la meta sin el empuje necesario para correr hacia ella. Perdemos tiempo en buscar problemas, en encontrar excusas para no salir de las cosas. Nos hastiamos, nos desmotivamos y "tiramos la esponja", si total ¿Para qué me voy a esforzar?
 Por más que tengamos los problemas más grandes y complejos, podemos encontrar refugio y aliento en las manos de Dios. En Él podemos abandonarnos y encontrar consuelo, mas por eso no debemos dejar de actuar; el cristiano debe confiar en Dios, pero no quedarse cómodamente ahí, hay que actuar para combatir nuestros problemas y los de nuestros hermanos. Olvidamos que no estamos solos, muy fácilmente nos centramos en nuestras cosas y no ponemos atención a lo que pasa a nuestro alrededor; en la casa, el colegio, la universidad o el trabajo, no sabemos si hay alguien que sufre, que tiene una herida y necesita ser escuchado y comprendido. No vemos ¿Y por qué no vemos? Porque olvidamos también que en Dios encontramos descanso y fuerzas; en Dios y sólo en Él podemos batallar las inseguridades, las dolencias y encontrar esa meta tan bella y  misteriosa. Olvidémonos por un momento de lo que nos aqueja y dejémoslo en las Manos del Dios de bondad, corramos decididos a la Meta del Amor Eterno, de los abrazos de Padre Bueno, de Amigo Incondicional.
En esta pequeña reflexión pidámosle a Dios la gracia de abandonarnos e ir hacia Él, de ofrecer nuestros dolores y encontrar en Sus Manos el consuelo y la fuerza para combatirlos
No hay que temer ir hacia Dios, no hay que temer porque estamos con Él. Mil cosas nos atan, mil cosas nos producen inseguridades, pero con la fuerza del amor todo cobra sentido y lo que está de más desaparece.
Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

viernes, 6 de abril de 2012

Quiero ser Simón.

Era un viernes como cualquier otro, luego de un arduo día de trabajo, Simón volvía del campo a su hogar, para descansar de la jornada y prepararse para el Sábado. Las calles aquella mañana estaban un poco más concurridas de lo habitual "¿Qué estará pasando?" y mientras pensaba ésto vio a un tumulto de gente siguiendo a un hombre, un hombre que llevaba sobre sus hombros una pesada cruz de madera. Se acercó a ver un poco más. "¿De qué lo culparán?" "¿Por qué lleva su cruz?" Pudo notar que sobre su cabeza había ceñida  una corona de espinas, pudo notar en su rostro una serenidad sorprendente. "¿Quién es éste hombre?" Se acerco un poco más, y antes de que pudiera hacer otra cosa, un soldado lo tomó bruscamente y le obligó a cargar con aquella cruz. Al tomarla, notó su peso, algunas astillas se quedaron en la túnica y le clavaron la espalda. Pudo ver las heridas de los latigazos, pudo ver que llevaba la culpa de tantos, pudo ver que Él era Cristo; aquél Nazareno que predicaba con tanta autoridad, que hacía a los ciegos ver, a los paralíticos andar y a los leprosos los dejaba sanos ¿Y ahora estaba padeciendo la más humillante de las culpas? 
El encuentro de Simón y Jesús es algo muy especial, Simón jamás pensó que iba a terminar cargando la cruz, jamás pensó estar tan cerca de Cristo en su hora más dolorosa. Simón deja su camino y carga con la cruz, Simón olvida sus pesares y carga los de éste Hombre que cumplía con la difícil Voluntad del Padre. Simón de Cirene es un hombre que nos da un modelo de valentía y virtud; cargar con la Cruz y caminar con Cristo, olvidarnos de nosotros mismos y entregarnos. 
Hoy Cristo vuelve a cargar con su Cruz todos los días; en las injusticias y la desigualdad, en el hambre, en la guerra, en la pobreza, en el odio, en el desentendimiento y en la indolencia social. Simón vuelve a encarnarse en nosotros para cargar con esas cruces. Debemos imitar aquella humilde acción de levantar la cruz y ayudar a Cristo a llevarla actuando por nuestros hermanos más necesitados, los más postergados y olvidados de la sociedad en que vivimos; ellos hoy son Cristo que carga con esas pesadas y astilladas cruces. Acerquémonos a ellos y alivianemos su peso. Desde hoy seamos Simón.


Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

lunes, 12 de marzo de 2012

Santa locura

"Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles; porque la locura de Dios  es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios, más fuerte que la fuerza de los hombres."
Corintios 1, 22-25.


Cristo no es un modelo fácil ni cómodo de seguir, si no lo es para nosotros, con cuan mayor razón lo fue para los discípulos. La persecución, la cruz, la desilusión, la cárcel. La muerte. Había que estar loco para seguirlo, sobre todo luego de su crucifixión; los judíos buscaban por todas partes restos de su legado y gente para acallarlo definitivamente, y la situación que ellos vivían ya era desalentadora ¿Qué pasó con el Maestro? ¿Y sus promesas? Valientes fueron los que a pesar de todo siguieron creyendo en Él, ya que sabían que Su Palabra es vida y vida por la eternidad. Debemos tomar a aquellos discípulos como modelo de valentía, modelo de hombres llenos de la santa locura de Dios. Uno de mis locos favoritos es San Lucas, tal vez uno de los evangelistas más fervorosos y que sin embargo nunca conoció a Jesús, pero eso no fue impedimento para que entrara en una búsqueda profunda de su Palabra y Mensaje. ¡Cómo no tomar de ejemplo su determinación, su valentía! ¿Cómo no querer imitar esa locura? Al saber sobre su historia, sobre la conversión de Saulo -Quien no solo no conocía, sino que perseguía a los de Cristo-  ¿Cómo no impregnarse de esa santa locura y querer embarcarse? Dios nos quiere así, como decía Pablo a los Corintios; locos para los hombres, pero sabios a los ojos de Dios. Débiles para los hombres y fuertes con Dios. Hay que estar loco para seguir a Dios en estos días en que lo más normal es vivir en un mundo donde las verdades se tildan de dictatoriales, donde ser creyente es sinónimo de iluso o incluso idiota, en donde si tenemos que pasar por sobre alguien para llegar a nuestro éxito lo hacemos, en donde si hay que mentir para "salir del paso", se miente ¿No es también para ellos una debilidad?  "Claro" -ellos dirán- "Éstos ilusos creen en Dios porque no pueden vivir por sí mismos". Creemos en Dios porque en Él encontramos la fuerza de la vida, encontramos el sentido del camino.
No hay que temer enloquecer y seguir a Cristo, no hay que temer porque estamos con Él. Mil cosas nos atan a este mundo; el placer, el éxito, la fama, el dinero, el trabajo y cuántas otras cosas. Con ésta locura todo cobra sentido en Dios y lo que está de más desaparece. Lo único importante es cumplir la voluntad de nuestro Padre Bueno.
Pidamos al Padre la Santa Locura de vivir su camino.


Un abrazo en Cristo, gracias por leer.