domingo, 16 de octubre de 2011

La Iglesia que construir


Ayer por la mañana la arteria principal de Santiago de Chile se llenó de miles personas con un mensaje; "La alegría de ser católico". Habían banderas, pancartas, cánticos, música y un sinfín de cosas más. La alegría se respiraba en el ambiente y el sentimiento de unidad reinaba. 
Sin embargo, me surgieron algunas preguntas a partir de aquella experiencia ¿Estamos haciendo bien las cosas? ¿Nos estamos esforzando por construir una Iglesia para todos? Sabemos que la Iglesia cumple una labor social que no es menor, con misiones en los países más pobres y postergados, llevando la Palabra a los rincones más recónditos del mundo y luz a los desesperanzados. Proporcionando ayuda médica y social a los más necesitados. Pero no nos quedemos en eso, es muy cómodo sentarse y pensar que en algún otro lugar se está haciendo un gran servicio y con ello "dormirse en los laureles". Estamos pasando por una crisis, debemos enfrentarla con determinación y con fidelidad, teniendo fe en que nuestro Padre siempre quiere lo mejor para nosotros, pero para eso hay que estar alertas a la realidad de nuestro país y a la realidad social de nuestra Iglesia; no es necesario mirar demasiado lejos para darse cuenta que en nuestro país hay sectores que han sido postergados e incluso olvidados por las instituciones. Nuestro apostolado está en construir una Iglesia que haga suyas las penas y problemas de esas personas; para eso debemos estar conscientes de que la misión no le pertenece solamente a los consagrados o a aquellos valientes misioneros que dan sus vidas en lugares agrestes y hostiles, es tarea y responsabilidad nuestra también trabajar por la construcción del Reino en armonía y coexistencia. Por otro lado, las personas con carencias socio-económicas no son solamente los más afectados de este olvido, a veces idealizamos la labor social en los más desposeídos materialmente hablando, pero olvidamos a los que teniendo todo no tienen nada; los verdaderos pobres, gente que puede ser nuestro compañero de trabajo, colegio o universidad. Gente que necesita cariño, gente que se a alejado de la Iglesia por alguna mala experiencia y necesita ser incluida en un ambiente de tolerancia, respeto y fraternidad; urge acompañarlos y acercarlos nuevamente con mucho cariño, mostrarles el verdadero rostro de Cristo y acogerlos en el seno de una Iglesia en donde no se mira cuánto hay en el bolsillo sino que trabaja para llenar el corazón. Ya lo decía el Mons. Juan Ignacio Gozález, "La Iglesia debe presentarse al mundo con humildad". Pidamos al señor que nos ayude a construir una Iglesia inclusiva y entre todos, que sus puertas estén abiertas para quien la necesite y que la alegría sea también un motor para actuar en sociedad.


Un abrazo en Cristo, gracias por leer.



lunes, 29 de agosto de 2011

Atreverse a dar

Atreverse a dar en los momentos mas inesperados, en las situaciones más cotidianas. Olvidar el cliché que tiene el "dar y darse", olvidar el cliché que tiene el "cuántas veces": ¿Cuántas veces has visto a alguien en la micro muy mal y no te has atrevido a acercarte? Pregúntate cuantas veces has visto tu propia cara aflijida y no has sido capaz de pedir ayuda. Pregúntate y acuérdate de cuantas veces te han ayudado. Pregúntate cuantas veces has visto esa cara aflijida en el pobre que aparece en la televisión, en la sala de clases y a veces en tu propia casa. Pregúntate cuántas veces se te ha apretado el corazón y no te atreviste a hacerle caso.

Sepan que no tengo la intención de llamarles la atención, yo me hice estas preguntas porque existen mas ocasiones en las que yo no he encontrado la valentía para acercarme que en las que efectivamente me he acercado. Y realmente esto me produce tristeza en un principio, pero me hace darme cuenta de que tengo mucho por aprender, y que debo seguir con el corazón atento a estas situaciones de lo mas cotidiano, que son oportunidades de servicio verdadero, que tienen el mismo valor que construir mediaguas, y que de hecho, le dan mas sentido a esto último.

Todas son granos de arena para un mundo sin brechas, mas justo y mas humano. Preguntarse el "cuantas veces" te has acercado al que lo necesita abre una oportunidad, a mi parecer, de abrir el corazón con amor. Y ahí tenemos otro cliché: ¿Se han fijado que la gente no se atreve a decir "amor" muchas veces porque es muy repetido, porque es poco original? Y que esto no solo ocurre con la palabra amor, si no que con muchas otras palabras: sonrisa, amistad, valentía. Y quizás muchas de las frases que aparecen en este mismo texto.

En lo personal, le creo mucho a Gaudí: "La originalidad está en volver a los orígenes", estos clichés se vienen repitiendo hace mucho tiempo, y pareciera que siempre les llevamos la contra: Y aún vemos una brecha entre el mas rico y el mas pobre, aún vemos que nuestros intereses muchas veces no van por la necesidad, sino que se guían por cosas poco duraderas, que no trascienden, que nos dejan queriendo más para sí mismos, que no llenan el corazón y nos encierran.

Creo que el "dar y darse", el preguntarse "cuantas veces" y muchas, muchas otras frases se convierten en "cursis" o clichés porque se quedan en una frase bonita, y no nos atrevemos a ponerla en practca a diario. Y dejenme decirles, quizás esto de convertir las frases en acción tampoco es primera vez que lo escuchan. Creo que la invitación para mi y para todos es poner el amor en practica: Cuando aprieta el pecho al ver una cara aflijida al lado de uno, cuando arde el corazón por saber que le pasa, por saber que puede hacer uno... Atreverse a hacerlo. Si no te pasa, intenta preguntarte que le pasa a ese rostro aflijido cercano, que puede ser el de un compañero, el de un hermano, el tuyo propio. Y te vas a dar cuenta de que a ti te gustaría un abrazo, un "¿que pasó compadre?"... Al otro también.

Intenta ponerte en el lugar del necesitado. Entonces vas a ver como se te apreta el pecho: "¿Le pregunto o no? ¿Me acerco? ¿Qué le pasará? ¿Necesitará algo de mí o no? ¿Debo ir a hacer acción social? ". ¡Eso es ardor de corazón y hay que hacerle caso! Estas preguntas son grandes oportunidades de acción! Atrévete! No pierdes nada, movido por estas preguntas que apretan el pecho haces mucho bien al otro, y el "Gracias" es una recompensa que te aseguro, te llenara el corazón. Pero hay que atreverse. No quedarse con el pecho apretado. Matar el cliché y moverse de una vez por todas en la acción concreta. Pero sencilla. Estar atento, preocuparse por las caras aflijidas. Trabajar con calidad y sentido, buscar trabajo que sea servicio para otro. Estudiar, formarse con sentido. Si para eso nos preparamos tanto: No sólo para formar una familia, no solo para sobrevivir, sino que la formación es herramienta también para hacer por otro: Un gerente que gestiona recursos humanos, un arquitecto que diseña una casa, un técnico que repara una tubería. Independiente del sentido personal de cada uno, el trabajo y la formación en si tienen su efecto final en otra PERSONA. La acción que trasciende, la acción de amor es la que tiene efecto en otro, directamente, sin cobardías.

Imagínense si viviéramos cotidianamente así: Atento a esas oportunidades para no solo dar, sino que darse: Si voy en la micro, atreverme a acercarme a esa cara aflijida que he repetido tanto. Con respeto, con animo, movido por ese apretón de pecho y no por que el resto me vaya a ver -que, seamos sinceros, nos pasa-. Cuando veamos a un compañero, a un hermano, cuando se nos ocurre alguna idea que puede servirle a otro que lo necesita, que puede ser la persona más cercana que estudia conmigo, hasta el pobre que vive en aquella población lejana: Aunque apriete el pecho y nos de miedo: Atreverse a dar un poco de tiempo, de espacio, de vida. Preguntar que pasa, preguntar que puedo hacer, óomo lo puedo hacer. Decir mi idea, hacer lo que se me ocurrió en ese momento inesperado. Por otro. Por que es lo que me gustaría a mi también. Y hacer esto, poner en acción esto que me aprieta el corazón -que no es cliché, es amor- es difícil.

Pero si lo haces -y por favor, intenta hacerlo-, te lo digo: Lo que vas a sentir es algo que no se compara con nada, llena el pecho y pega una sonrisa, en ti, y en el que te necesitó: Si das limosna, atrévete a decirle que se compre algo para comer y que no gaste el dinero en alcohol: O mejor, niegale la moneda, ve y comprale un pan y pidele que busque algún trabajo sencillo. Incluso podrías preguntarle acerca de su familia. Si vas a construir o donar por una organización, conversa con la gente a la que ayudas, y atrévete a ser constante con alguna acción social. Saluda al chofer de la micro. Abraza a tus amigos, compañeros, hermanos, colegas, padres si ves que lo necesitan. Y QUE TODO ESTO SEA PARTE DE TU VIDA. Si te aprieta el pecho, hazte las preguntas, y respondelas con acciones, por tí, por otro. Responder a tu vida, al necesitado que se te presenta, con un gesto, con una conversa. Concreto, constante, cotidiano. Tal como tú necesitas, otro necesita de tí. Y responder a eso con acciones mata el famoso cliché, llena el corazón y te enamora del prójimo -que son todos- que te da vida, y que le puedes dar vida. Recordemos que enamorarse es lo mejor que te puede pasar.
 
"Atreverse a cruzar caminos con otro, con el propio estilo, a través de la acción"

Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

martes, 2 de agosto de 2011

"¿Por qué lo buscáis entre los muertos?"

Hasta anoche tenía un tema preparado para escribir; la hambruna en Somalia. Pero de pronto, mientras escribía me vino a la cabeza la imagen de Hernán, un gran amigo que murió recientemente en un accidente de tránsito, su vida se apagó en apenas un segundo y todo pareció desmoronarse en cosa de  minutos. La noticia llegó a mi poco después de que sucedió, su hermano me llamaba por teléfono aquella noche contándome lo que había sucedido, mis ojos se inundaron en lágrimas apenas oí las palabras de Francisco. 
Esa noche no pude dormir, intentaba en vano dimensionar que mi amigo, con quien compartí diez años de mi vida había partido. El absurdo de la situación me colmaba la cabeza de frustración e impotencia, de rabia, desconsuelo y desamparo, pero recordé la palabra amiga de alguien que me dijo "Él sigue contigo", y con la fuerza de las palabras y entregando mis aprehenciones y miedos a Dios, pude encontrarle el sentido al dolor, darle un significado y hacerlo una experiencia de fe.
Quisiera terminar esta reflexión transcribiendo una carta que escribí luego de su fallecimiento. Creo que resume mi pensamiento y mi sentir, como cristiano ante el dolor ineludible del duelo y de la pérdida.

   "Ante la muerte de un ser querido no caben los frágiles argumentos de la medicina y es ilusoria la posibilidad de cualquier solución. Como alguien ha dicho, frente a todo lo decisivo de la existencia, la medicina no tiene -en el mejor de los casos- sino la penúltima palabra, y ante la muerte de un amigo, ya nada se puede decir. El desgarramiento es tan hondo, tan agudo y visceral, que incluso puede desconcertar la fe y sobrecoger a las personas más religiosas. No obstante, es en la fe y sólo en ella donde el alma acongojada puede encontrar refugio y consuelo. Curiosamente, sin darnos cuenta, los creyentes nos solemos comportar como si fuéramos ateos. Si Dios no existe, lo único importante es ser feliz y es legítimo entonces aferrarse a la vida de nuestros familiares, a su salud y bienestar. Pero si Dios existe, lo humano adquiere de inmediato un nuevo horizonte. La vida se convierte en tránsito y, sobre todo, en experiencia. La presencia de Dios, por así decirlo, trastoca en su raíz el sentido de la vida y lo que ahora importa, no es sólo la felicidad, sino que cada cual realice su parte en el plan divino y viva integramente el disignio de su vida. De ahí proviene la gran fuerza transmutadora de la fe y su poder ante el dolor. Hasta el acto más ínfimo tienen lugar en el plan de Dios. Con cuanta mayor razón la vida y la muerte. Nadie nace ni muere por casualidad, ningún dolor es caprichoso ni es inútil. Como decía Einstein "Dios no juega a los dados". Éste es el sostén de la fe ante los golpes de la vida: el sentido y la finalidad. Los designios de Dios pueden ser oscuros para la razón, pero se comprenden desde la fe, y esa intuición, cuando existe, es aún más fuerte que la evidencia de los sentidos.
La muerte es un hecho irremediable, pero el dolor ante la muerte no es igualmente fatal y depende, en gran medida, de la actitud con la que la enfrentamos. La vida es una constante prueba y el gran secreto de la paz y la felicidad consiten precisamente, en saber que los infortunios son pruebas.
Queridos amigos, se preguntarán con dolorosa extrañeza ¿Por qué Hernán tuvo que morir de esa manera? Se podrían dar muchas explicaciones psicológicas que sólo nos dejarían confundidos, pero la fe disipa la incertidumbre. Todo hombre tiene una vida y una muerte exactas. El Padre nos conduce por diversas sendas y también nos llama por diferentes puertas. 
El dolor ante la muerte, no solo nos desgarra sino que también, paradojalmente nos aleja del ser amado. Ya no podemos recordarlo con agrado, ver sus fotografías o conversar sin pena sobre él. Pienso que la corta y limpia vida de Hernán, su simpatía contagiosa y la pureza juvenil de sus 19 años deben ser feliz memoria de todos los que lo conocimos. Sabemos que vive y que sólo se nos ha adelantado. No nos separa de él sino el tenue velo que limita nuestra conciencia. Y si Hernán vive ¿Por qué lo buscamos entre los muertos? Recuerdo muy bien la pregunta desiciva que me formularon en su misa. "Si Hernán no está en el cielo ¿Quién podrá estar?" 
Espero, sinceramente que éstas reflexiones nos ayuden a salir adelante. El hombre esa "asceta de la vida", según la bella expresión de Max Scheler, tiene una misteriosa voluntad de trascender; negándose a sí mismo, y transformando en crisol de la fe, el dolor  y el sufrimiento en alegría y amor"


Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

sábado, 30 de julio de 2011

Acción y sentido social como Ignacio nos enseñó.

Seguramente hemos oído un centenar de veces la frase "Hombre soy, y nada humano me es ajeno". Para mi es el principio fundamental de la vida en sociedad del cristiano; si nos denominamos a nosotros mismos como cristianos comprometidos con las problemáticas que afectan a la gran comunidad en la que vivimos, vamos a sentir esta frase como un emblema clave en la contienda. La pobreza, el hambre y la inequidad serán para nosotros grandes aflicciones al igual que para nuestros hermanos que las sufren en carne propia.
Si hay alguien que dedicó su vida entera a meditar y obrar sobre éstas cosas, fue San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.

San Ignacio nos enseñó que el involucrarse en la sociedad es un compromiso de fe que se funde con la búsqueda de la justicia, no la justicia terrenal -aquella pasajera, cambiante, corruptible- sino que la justicia de Dios, la del Reino.
Trabajar por la justicia del Reino supone estudio e investigación social, trabajo directo con personas en situación de exclusión, comunidades que buscan relaciones humanas fraternas e inclusivas, celebración de la fe y de la esperanza. De modo resumido, suele decirse que precisa de tres cosas: reflexión, acción y vida comunitaria.  
A veces se entiende que promover la justicia es ante todo cuestión de trabajo. Pero esto resulta muy parcial. El gran reto es más bien espiritual: que esta dedicación sea expresión de nuestra fe; que nos haga amigos de los mejores amigos de Jesús, los pobres; que transforme nuestro corazón; que sea seguimiento y no cerrada búsqueda personal. En definitiva, que sea expresión de la fe, concreción de la caridad –la individual, la social y la política– y movimiento de esperanza.

Ignacio nos dice claramente que para servir al Reino debemos abnegarnos de nuestra propia voluntad y poner el corazón con miras a Cristo. De nada nos sirve trabajar para nosotros mismos o para ser reconocidos por los demás si no es por amor y por la construcción del Reino. Debemos perseverar en la oración y fundirla con la acción, llamados por la urgencia y el derecho y ser como San Ignacio decía "contemplativos en la acción"


Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

sábado, 16 de julio de 2011

Pureza, un llamado a la contienda.

Al escuchar la palabra "pureza", lo más probable es que inmediatamente se nos venga a la cabeza cosas casi fuera de lo humano; lo incorruptible, lo inmaculado y una serie de escrúpulos forzados que nos hacen alejarnos de ese ideal y su real significado.
En el mundo de hoy se vive una vorágine de hedonismo. Esa misma vorágine es la que nos hace tergiversar y tranzar muchos principios, cambiar paradigmas, pasar por alto situaciones y poner por "normal" una serie de cosas que derechamente no lo son. Esta nueva sociedad moderna, en la cual se pretende conseguir todo de manera instantánea y sin esfuerzo nos ha sumido en un gran letargo valórico. Es nuestro deber despertar de aquel embate y poner manos a la obra con la pureza de nuestro lado.
¿Pero qué es ésta pureza?
Generalmente se la asocia con la castidad, lo cual es correcto y es una opción maravillosa de tomar como joven católico, pero su esencia va más allá de eso; la pureza no es un estado de iluminación máximo ni es algo que nos haga seres ajenos a lo humano. Al contrario, debe despertar en nosotros una preocupación especial por lo que sucede con el hombre como individuo y la sociedad en todo su conjunto.
 El pecado le hace daño. La pureza nos invita a combatirlo, nos llama a una intensa contienda que no se libra con violencia, se combate desde el íntimo amor de Dios; un amor que perdona y  libera, pero que es implacable con el pecado, que no se doblega ante la injusticia, ante la inequidad social, la guerra, el hambre, la opresión y tantos males que salen del odio y del pecado. Luchar en esta contienda no es fácil, las tentaciones aparecerán en el camino y tendremos que hacerles frente con valentía, entusiasmo y fe. La pureza no trae languidez ni forma -como dije anteriormente- seres etéreos alejados de todo. Sería un gran error caer en ello e ignorar la gran significación, sentido y responsabilidad social que conlleva vivir puramente. Vivir la pureza es vivir en plenitud y  con miras a la santidad. Una santidad con los pies en la tierra; vivir lo que hay que vivir, reír lo que hay que reír y evitar situaciones que nos lleven a pecar. Ser capaces de sobreponernos al odio y combatir el pecado.
 La responsabilidad de vivir de esta manera es tal, que no basta solamente con la interioridad de cada uno; sino que debemos predicar con el ejemplo una vida pura, llevar a todas partes la chispa de la alegría, la tranquilidad del buen juicio y la fuerza de la contienda traducida en amor, en amor y nada más que amor.


Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

martes, 21 de junio de 2011

La misión social del universitario

Hace sesenta años atrás, el Padre Hurtado daba un retiro a los jóvenes de la Acción Católica y les hablaba de la misión social del universitario. Tema que en ese entonces era de suma importancia y que hoy, más que nunca adquiere un significado trascendental producto de la situación actual que vivimos como país.

Se habla mucho de acción social, hemos visto muchas instancias en que nos hemos movido por el prójimo como voluntarios en distintas campañas de la más diversa índole; Aquellos voluntarios en su mayoría eran secundarios y universitarios que se daban por la sociedad, gente que estudiaba en colegios, institutos y universidades.
Ellos, como San Alberto decía “Deben tener una preocupación especial por estudiar su carrera en función de los problemas sociales propios de su ambiente profesional.” Y esa preocupación los llevo a tomar un martillo, una Biblia, un libro para enseñar a leer, o lo que tuvieran a mano para servir a los demás. No dudaron en decirle al Señor un sí fuerte y claro, ir a donde se les llamaba y servir en alegre sacrificio.

¿Pero cuál es la primera misión del estudiante?
Naturalmente, es la de su formación intelectual. El joven católico debe ser un estudiante y un estudiante constante. Aprender, leer, escribir, nutrirse de información que sirva para sus estudios, para su carrera y que la misma sea un servicio a los demás. Si se va a hacer acción social sin una base intelectual se está haciendo un trabajo vacío, un trabajo sin fundamento. Por eso es muy importante saber para qué se está haciendo lo que se está haciendo. La formación intelectual es un pilar en esta materia.
Hay quienes dicen que la formación intelectual viene primero, seguida de la espiritual y por último –cuando el individuo está plenamente formado- la social, pero la formación intelectual nuevamente es vacía y sin sentido si no es complementada desde siempre con la espiritual y la social. No se puede concebir una sin las otras dos latientes en unidad.

No es que la misión social del estudiante vaya separada de la misión formativa del mismo, ya que no se debe interrumpir el estudio para actuar con caridad, se debe actuar con caridad en el estudio. Hay que preguntarse constantemente ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Imitar a Cristo en el actuar diario, en la rutina, en lo cotidiano y volverse a preguntar ¿Qué haría Cristo en mi lugar de ESTUDIANTE?

Lo primero y más importante es ser consientes y estar atentos de la realidad social que nos rodea. Para eso el Padre Hurtado, siendo un joven estudiante de derecho pasaba tiempo en los Patronatos, prácticamente los lugares más marginales de la ciudad. Estaba con la gente pobre para vivir en carne propia lo que ellos vivían a diario, ellos fueron sus formadores intelectuales, espirituales y sociales. No bastaba la limosna que muchas veces carece de sentido, se involucraba en aquellos lugares para en medio de la acción social encontrar a Dios en el rostro de esa gente.

La misión social del estudiante es reconocer que los problemas sociales deben tener soluciones SOCIALES apoyadas en las instituciones, debe acompañarse de la conciencia y la estructura social. Aquellos problemas son morales, hay que tener interés en los medios prácticos para solucionarlos.
El estudiante es el cerebro, el obrero intelectual. Traduce problemas en soluciones técnicas, factibles.

La misión social del estudiante, del universitario es involucrarse en, por y para Cristo en los problemas que afectan a nuestro prójimo.
La vida del estudiante debe ser, cómo decía el Padre Hurtado “Una misa prolongada”.



Un abrazo en Cristo, gracias por leer.

Lo UnU

domingo, 12 de junio de 2011

El mundo necesita del Espíritu Santo


La fiesta de Pentecostés es un día lleno de júbilo, celebramos que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos y les dio los distintos dones para predicar con fuerza y alegría el Mensaje de Cristo. Pero no hay que olvidar un detalle muy importante, los dones fueron recibidos mientras los discípulos se encontraban encerrados, en compañía de María, por temor a la persecución que sufrían a causa de su fe. Una situación de dificultad que si bien no en la misma medida, estamos viviendo nosotros hoy como Iglesia chilena y del mundo.
La valentía y entuciasmo que recibieron para salir afuera a predicar a todo el mundo, a sanar enfermos, expulsar demonios y perdonar pecados, con el riesgo asumido de caer en manos de sus perseguidores debe ser un ejemplo para nosotros. Henchidos del Espíritu Santo los discípulos rompieron todas las ataduras del miedo y la cobardía que se enconan en el corazón con tanta facilidad. Hoy más que nunca necesitamos  renovarnos en esta Pentecostés, que el Santo Espíritu nos lave por dentro y nos de nuevas fuerzas para salir y predicar; predicar con el ejemplo, con la amistad, con el trabajo, el estudio, con el amor, con la alegría y con todas nuestras expresiones y actividades que realizamos a diario.

Los dones que se reciben de esta nueva Pentecostés no deben quedarse en nosotros y dejarlos en una repiza como si fueran premios o trofeos de alguna competencia ¡Claro que son premios! Dios te ha dado dones únicos para que los pongas en servicio a los demás. Necesitamos que el Fuego del Espíritu Santo llegue a todos los rincones de la tierra y eso no puede ser posible si no pones de tu parte. La realidad que estamos viviendo como país -movilizaciones estudiantiles, conflicto mapuche y la inmensa inequidad social y de acceso a los servicios- hace que nuestra acción se vuelva una urgencia. No hay que hacer oídos sordos ni jugar a ser ciegos con lo que está pasando aquí y ahora; debemos actuar con fuerza desde el amor de Dios para hacer frente a estos males que aquejan a nuestra gran comunidad. Hacerles frente llenos del Espíritu como lo estaban los apóstoles y abrir sendas de solidaridad, entendimiento y cariño en medio de tanta violencia, de tanto odio, de tanta desconfianza, de tanto desamor.
 Pidamos al Padre que nos de entendimiento, fortaleza y  piedad para llevar Su Mensaje a todos los rincones de la tierra.

 Un abrazo en Cristo, gracias por leer.